-¿Estás
segura de esto?
-Segurísima.
Y es
así, las mejores cosas no se planean. No lo había pensado, pero sé que este es
nuestro momento.
Justin
vuelve a mis labios mientras que su mano derecha rebusca entre el primer cajón
de la mesita de noche. No encuentra su objetivo y cambia de cajón, rebusca
ágilmente por el segundo cajón. Y ahora sí que lo encuentra. Lo recoge en su
puño y cierra el cajón. Lo tira sobre la cama, a nuestro lado y baja a mi
cuello. Miro el pequeño envoltorio plateado que ha estado buscando Justin y lo
entiendo todo. Protección. Besa suavemente mi cuello, mi pecho y baja por el
vientre hasta llegar al borde de las braguitas. Vuelve a besar mi boca y baja
ligeramente las bragas. Me mira un instante y yo sonrío, busco sus bóxers y empiezo a bajarlos lentamente. Nos deshacemos
de las únicas prendas que nos quedaban sin parar de besarnos. Justin alarga la
mano hasta dar con “la protección”, la abre con un mordisco y se la pone
ágilmente.
-Si
te hago daño, dímelo.
Vuelvo
deseosa a sus labios y lo beso con pasión, queriendo fundirme con él. Y
entonces, sucede. Al principio un molesto dolor que se convierte rápidamente en
placer. Justin, entre jadeos, susurra:
-Te
quiero, Mía.
[…]
Me
despierto abrazada a su pecho, le miro a la cara y veo que está despierto.
-Buenos
días, princesa.
-Buenos
días, cielo.-Me acerco a su rostro y lo beso.- Te quiero.-Y lo vuelvo a besar.
-Yo
más, pero ahora tenemos que ducharnos y coger el avión que nos está esperando.
-Vale…te
dejo que te duches tú primero.
-¿No
te quedó claro ayer?
-¿El
qué?
-¡Hay
que ahorrar agua!-Se ríe.
-Bueno…ya
que insistes.-Nos reímos.
Nos
levantamos de la cama, entramos en el baño y nos metemos en la ducha. Justin
abre el grifo y dejamos que el agua resbale por nuestras pieles. Nos duchamos
rápidamente y nos envolvemos en una toalla cada uno. Salimos del baño y abrimos
el armario. Busco algo cómodo, me decido por unos vaqueros cortos, una camiseta
básica rosa chicle y mis converse negras. Justin se pone unas bermudas tejanas,
una camiseta blanca y sus supras negras.
-¿Qué
hora es?
-Las
nueve y media.
-¿En
serio? ¿Por qué salimos tan temprano?
-Así
llegaremos a casa a la hora de comer. Y también, antes que tu padre, Alice y mi
madre.
Recogemos
nuestras cosas, las guardamos en las maletas y salimos de la habitación. Me
dirijo a la cocina cuando Justin pregunta.
-¿Dónde
vas?
-¿Es
que no lo ves? Pues a la cocina. ¿No piensas desayunar?
-Sí,
pero lo haremos en el avión.
-Venga
ya, necesito comer…
-¡Sobrevivirás!-Dice
en tono burlón.
-Bueno,
pues si no lo hago será culpa tuya, eh…
Fuera
nos espera un coche, que nos lleva al aeropuerto. Salimos en media hora. Cuando
llegamos al avión nos espera el desayuno en una mesa en el centro de una
especie de comedor. Desayunamos y vamos a lavarnos los dientes. Cuando acabamos
Justin me lleva a una habitación y nos sentamos en la cama. Él se sienta, apoyando la espalda en la pared y yo me estiro y apoyo la cabeza en su regazo.
Empieza a acariciarme el pelo suavemente.
-Justin,
gracias por este viaje, ha sido mágico, y sobretodo gracias por lo de ayer, fue
precioso.
-Cielo,
no tienes que agradecerme nada, ya te lo he dicho un millón de veces.
-Pues
que sean un millón y una.
Me
sonríe. Se reclina y besa ligeramente mis labios, para después, volver a su
antigua posición.
-Oye,
no crees que…-se para.
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