sábado, 25 de agosto de 2012

Capítulo 38.


-¿Estás segura de esto?

-Segurísima.

Y es así, las mejores cosas no se planean. No lo había pensado, pero sé que este es nuestro momento.
Justin vuelve a mis labios mientras que su mano derecha rebusca entre el primer cajón de la mesita de noche. No encuentra su objetivo y cambia de cajón, rebusca ágilmente por el segundo cajón. Y ahora sí que lo encuentra. Lo recoge en su puño y cierra el cajón. Lo tira sobre la cama, a nuestro lado y baja a mi cuello. Miro el pequeño envoltorio plateado que ha estado buscando Justin y lo entiendo todo. Protección. Besa suavemente mi cuello, mi pecho y baja por el vientre hasta llegar al borde de las braguitas. Vuelve a besar mi boca y baja ligeramente las bragas. Me mira un instante y yo sonrío, busco sus bóxers  y empiezo a bajarlos lentamente. Nos deshacemos de las únicas prendas que nos quedaban sin parar de besarnos. Justin alarga la mano hasta dar con “la protección”, la abre con un mordisco y se la pone ágilmente.

-Si te hago daño, dímelo.

Vuelvo deseosa a sus labios y lo beso con pasión, queriendo fundirme con él. Y entonces, sucede. Al principio un molesto dolor que se convierte rápidamente en placer. Justin, entre jadeos, susurra:

-Te quiero, Mía. 

[…]

Me despierto abrazada a su pecho, le miro a la cara y veo que está despierto.

-Buenos días, princesa.

-Buenos días, cielo.-Me acerco a su rostro y lo beso.- Te quiero.-Y lo vuelvo a besar.

-Yo más, pero ahora tenemos que ducharnos y coger el avión que nos está esperando.

-Vale…te dejo que te duches tú primero.

-¿No te quedó claro ayer?

-¿El qué?

-¡Hay que ahorrar agua!-Se ríe.

-Bueno…ya que insistes.-Nos reímos.

Nos levantamos de la cama, entramos en el baño y nos metemos en la ducha. Justin abre el grifo y dejamos que el agua resbale por nuestras pieles. Nos duchamos rápidamente y nos envolvemos en una toalla cada uno. Salimos del baño y abrimos el armario. Busco algo cómodo, me decido por unos vaqueros cortos, una camiseta básica rosa chicle y mis converse negras. Justin se pone unas bermudas tejanas, una camiseta blanca y sus supras negras.

-¿Qué hora es?

-Las nueve y media.

-¿En serio? ¿Por qué salimos tan temprano?

-Así llegaremos a casa a la hora de comer. Y también, antes que tu padre, Alice y mi madre.

Recogemos nuestras cosas, las guardamos en las maletas y salimos de la habitación. Me dirijo a la cocina cuando Justin pregunta.

-¿Dónde vas?

-¿Es que no lo ves? Pues a la cocina. ¿No piensas desayunar?

-Sí, pero lo haremos en el avión.

-Venga ya, necesito comer…

-¡Sobrevivirás!-Dice en tono burlón.

-Bueno, pues si no lo hago será culpa tuya, eh…

Fuera nos espera un coche, que nos lleva al aeropuerto. Salimos en media hora. Cuando llegamos al avión nos espera el desayuno en una mesa en el centro de una especie de comedor. Desayunamos y vamos a lavarnos los dientes. Cuando acabamos Justin me lleva a una habitación y nos sentamos en la cama. Él se sienta, apoyando la espalda en la pared y yo me estiro y apoyo la cabeza en su regazo. Empieza a acariciarme el pelo suavemente.

-Justin, gracias por este viaje, ha sido mágico, y sobretodo gracias por lo de ayer, fue precioso.

-Cielo, no tienes que agradecerme nada, ya te lo he dicho un millón de veces.

-Pues que sean un millón y una.

Me sonríe. Se reclina y besa ligeramente mis labios, para después, volver a su antigua posición.

-Oye, no crees que…-se para.
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