domingo, 13 de mayo de 2012

Capítulo 34.


El viaje pasó rápido. Pasó rápido por qué iba con Justin, lo admito. Llegamos sobre las cuatro, habíamos comido en el avión. En el aeropuerto nos esperaba Will, que nos llevó a la casa donde pasaríamos los siguientes días. Era una pequeña cabaña en la playa, aislada de los ruidos de la ciudad, sola, tranquila, mágica. Sí, era mágica, como en un cuento, pero no me imaginaba lo mágica que llegaría a ser. Will nos llevó las maletas a la cabaña y se marchó.

-Es increíble.-Dije boquiabierta.

-¿Te gusta?

-Me encanta.

-Me alegro. ¿Qué te parece si nos duchamos y salimos a pasear por la ciudad?

-Perfecto, pero…yo me ducho antes!

Dicho esto, salí corriendo y me encerré en el baño. Desde allí, escuché como Justin se reía, sonreí. Me desnudé y me di una rápida ducha. Salí y me envolví en una toalla. Me había dejado la ropa fuera, eso me pasa por salir corriendo. Saqué la cabeza por la puerta, en la habitación no había nadie. Avancé rápidamente hacia mi maleta, pero estaba vacía. No tenía ni idea de donde podía estar toda mi ropa.

-¿Justin?

Silencio.

-¿Me has llamado?-Dijo a la vez que entraba a la habitación.

Entró sin camiseta y con el pelo completamente mojado. Se quedó sorprendido al verme de aquella forma. Enrojeció. Sonreí tímida al ver su reacción.

-¿Pasa algo?-Preguntó recomponiéndose.

-¿Sabes dónde está mi ropa? La maleta está vacía…

-Oh, María debe haberlas deshecho, debe estar en ese armario de ahí.-Dijo señalando un gran armario empotrado.

Avancé aguantándome la toalla y lo abrí, y allí encontré todas mis pertenencias.

-Gracias.

Volví a mirarlo y me sorprendí.

-¿Te has duchado?

-Sí, antes de salir corriendo quería decirte que hay dos baños.

Se echó a reír. Yo también reí, al recordar lo infantil que había sido.

-Te espero fuera.-Desapareció detrás de la puerta.

Me vestí y me peiné lo más rápido que pude. Cuando acabé de arreglarme, salí. Allí estaba él, tan perfecto como siempre. Salimos de casa. Justin me condujo por las acogedoras calles de aquella preciosa ciudad. Era increíble, cada paso que daba me gustaba más. Más tarde paseamos descalzos por la orilla de la playa. Estaba en un sueño, todo aquello me recordaba a la más romántica de las películas. Cenamos a la luz del atardecer en un restaurante de la playa.

-Ven, quiero enseñarte una cosa.

Justin pagó y salimos del restaurante.

-¿Adónde vamos?

-Ahora lo verás.

Caminábamos de nuevo por las mismas calles. Se escuchaba música a lo lejos, que cada vez, se acercaba más. Llegamos a una calle llena de gente. Abarrotada de gente bailando al ritmo de la música que salía de grandes altavoces puestos en los extremos de la calle.

-¡Es increíble!-Dije sorprendida.

Justin me llevó hasta el centro de la calle, me rodeó la cintura con sus brazos y empezamos a bailar a otro compás. Era mágico, aunque estuviéramos rodeados de gente era como si estuviéramos solos. Él y yo, nadie más. Mirándonos a los ojos, sinceros, tranquilos, juntos. Estuvimos bastante rato allí, bailando a nuestro propio ritmo, sin que a nadie le importara. Después, saliendo de aquel sueño, volvimos  a la casa.
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Siento muchísimo la tardanza, pero estoy bastante liada con los exámenes y demás, las próximas semanas subiré menos, lo siento muchísimo, en serio. Muchas gracias por saber esperar y por leerme. Como ya sabéis, los comentarios a Twitter, @CristinaSwagg. ¡Espero que os haya gustado!