El
viaje pasó rápido. Pasó rápido por qué iba con Justin, lo admito. Llegamos
sobre las cuatro, habíamos comido en el avión. En el aeropuerto nos esperaba
Will, que nos llevó a la casa donde pasaríamos los siguientes días. Era una
pequeña cabaña en la playa, aislada de los ruidos de la ciudad, sola,
tranquila, mágica. Sí, era mágica, como en un cuento, pero no me imaginaba lo
mágica que llegaría a ser. Will nos llevó las maletas a la cabaña y se marchó.
-Es
increíble.-Dije boquiabierta.
-¿Te
gusta?
-Me
encanta.
-Me
alegro. ¿Qué te parece si nos duchamos y salimos a pasear por la ciudad?
-Perfecto,
pero…yo me ducho antes!
Dicho
esto, salí corriendo y me encerré en el baño. Desde allí, escuché como Justin
se reía, sonreí. Me desnudé y me di una rápida ducha. Salí y me envolví en una
toalla. Me había dejado la ropa fuera, eso me pasa por salir corriendo. Saqué
la cabeza por la puerta, en la habitación no había nadie. Avancé rápidamente
hacia mi maleta, pero estaba vacía. No tenía ni idea de donde podía estar toda
mi ropa.
-¿Justin?
Silencio.
-¿Me
has llamado?-Dijo a la vez que entraba a la habitación.
Entró
sin camiseta y con el pelo completamente mojado. Se quedó sorprendido al verme
de aquella forma. Enrojeció. Sonreí tímida al ver su reacción.
-¿Pasa
algo?-Preguntó recomponiéndose.
-¿Sabes
dónde está mi ropa? La maleta está vacía…
-Oh,
María debe haberlas deshecho, debe estar en ese armario de ahí.-Dijo señalando
un gran armario empotrado.
Avancé
aguantándome la toalla y lo abrí, y allí encontré todas mis pertenencias.
-Gracias.
Volví
a mirarlo y me sorprendí.
-¿Te
has duchado?
-Sí,
antes de salir corriendo quería decirte que hay dos baños.
Se
echó a reír. Yo también reí, al recordar lo infantil que había sido.
-Te
espero fuera.-Desapareció detrás de la puerta.
Me
vestí y me peiné lo más rápido que pude. Cuando acabé de arreglarme, salí. Allí
estaba él, tan perfecto como siempre. Salimos de casa. Justin me condujo por
las acogedoras calles de aquella preciosa ciudad. Era increíble, cada paso que
daba me gustaba más. Más tarde paseamos descalzos por la orilla de la playa.
Estaba en un sueño, todo aquello me recordaba a la más romántica de las
películas. Cenamos a la luz del atardecer en un restaurante de la playa.
-Ven,
quiero enseñarte una cosa.
Justin
pagó y salimos del restaurante.
-¿Adónde
vamos?
-Ahora
lo verás.
Caminábamos
de nuevo por las mismas calles. Se escuchaba música a lo lejos, que cada vez,
se acercaba más. Llegamos a una calle llena de gente. Abarrotada de gente
bailando al ritmo de la música que salía de grandes altavoces puestos en los
extremos de la calle.
-¡Es
increíble!-Dije sorprendida.
Justin
me llevó hasta el centro de la calle, me rodeó la cintura con sus brazos y
empezamos a bailar a otro compás. Era mágico, aunque estuviéramos rodeados de
gente era como si estuviéramos solos. Él y yo, nadie más. Mirándonos a los
ojos, sinceros, tranquilos, juntos. Estuvimos bastante rato allí, bailando a
nuestro propio ritmo, sin que a nadie le importara. Después, saliendo de aquel
sueño, volvimos a la casa.
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Siento muchísimo la tardanza, pero estoy bastante liada con los exámenes y demás, las próximas semanas subiré menos, lo siento muchísimo, en serio. Muchas gracias por saber esperar y por leerme. Como ya sabéis, los comentarios a Twitter, @CristinaSwagg. ¡Espero que os haya gustado!
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